DESDE LA SEDE DE LA INSTITUCIÓN TERESIANA DE MADRID-LA MANCHA, EN CONEXIÓN ON LINE CON LA CLAUSURA DEL CENTENARIO DE LA CONFERENCIA MISIONERA MUNDIAL DE EDIMBURGO 1910 - 2010.
La celebración del Centenario de la 1ª Conferencia Misionera Mundial, desarrollada en Edimburgo en 1910, ha significado un momento decisivo para muchas personas que han buscado, en el proceso de la celebración, una orientación para la realización de la Misión Cristiana en el siglo XXI.
El grupo ECUDIR (Grupo para el diálogo Ecuménico e Interreligioso) de la Institución Teresiana Madrid - La Mancha, quiso unirse a esta celebración, consciente de la importancia de este acontecimiento. Para ello, invitó, a las personas que lo desearan, a participar “on line” en el acto de clausura del Centenario, celebrado en la ciudad de Edimburgo, en el histórico salón de actos de la Iglesia de Escocia, situado en el montículo cerca del Castillo de Edimburgo. En él tuvo lugar, en 1910, la clausura de la primera Conferencia Mundial, origen del movimiento ecuménico moderno cuyo centenario celebramos.
Gracias a la acogida fraterna, y a la colaboración con la puesta a punto de los medios tecnológicos, la Sede de la Institución Teresiana de Madrid, en Avenida del Valle, 23, se convirtió en un lugar de encuentro y celebración de este gran acontecimiento, en comunión con cristianos del mundo entero reunidos esa tarde en Edimburgo. Junto a miembros de la Institución Teresiana -de las asociaciones AP y ACIT-, participaron otros grupos de diferentes comunidades cristianas, entre ellas: Asociación Ecuménica Internacional (IEF), Centro Ecuménico Misioneras de la Unidad, Foro Ecuménico Pentecostés, Carmelitas Misioneras, Iglesia Evangélica de Lengua Alemana, Cruzadas de la Iglesia, Justicia y Paz, Comunidad de Ultreia et Suseia, y cristianos pertenecientes a otros grupos y parroquias.
El encuentro comenzó a las 14:30 con la presentación, a cargo de Inmaculada González del significado del Centenario y del acto que iba a tener lugar a las 16:00h. En esta tarde, dijo, nos disponemos a acoger el fruto de este largo proceso de celebración mundial, a través del acto de Clausura del Centenario que se celebra en Edimburgo. En él, cerca de 300 delegados de unos 60 países, representantes de la mayoría de las confesiones cristianas de todo el mundo, y los miembros de las Comisiones Asesoras, nos ofrecerán el resultado de la búsqueda y reflexión realizada sobre las diversas formas de hacer posible y creíble nuestro testimonio de Cristo, y la Misión Cristiana en el siglo XXI.
Edimburgo 2010 ha querido ser un camino de ida y vuelta. La reflexión que han elaborado estos delegados sobre los 9 temas principales y los 7 transversales, ha sido el fruto de las aportaciones enviadas a lo largo del proceso de estudio desde todos los estamentos y gran número de lugares donde existe la presencia cristiana; las aportaciones han llegado, por tanto, a los delegados, con una gran riqueza de matices culturales y espirituales. La riqueza de la diversidad ha marcado el rostro de la Conferencia. En Edimburgo 2010, se ha tenido en cuenta el favorecer las presencias que en 1910 fueron minoritarias o excluidas, estableciendo un equilibrio en el cual el 60% provenía del sur global; el 50%, de mujeres, y el 20%, de jóvenes, menores de 30 años.
En cuanto al significado de la participación on line desde Madrid, González preguntaba: Y a nosotros, ¿qué nos reúne aquí, en estos momentos?, ¿cuál es nuestra Misión? Este 6 de junio de 2010 ofrecía una oportunidad especial a todos los cristianos del mundo para celebrar juntos la llamada de Dios a la Misión. Significaba también la oportunidad de agradecer a Dios todo lo que de Él han recibido las Iglesias en estos cien años, a través del movimiento ecuménico, y era una gran oportunidad para renovar el compromiso de ser testigos de Cristo en nuestro mundo.
Nos podemos preguntar, dijo, ¿qué nos han aportado estos cien años del movimiento ecuménico? Y continuó diciendo: desde entonces, los cristianos hemos aprendido lo que significa orar y trabajar juntos; compartir la buena noticia del Amor de Dios en nuestro mundo, y dar testimonio de Cristo de muy diversas maneras: defendiendo a los pobres, luchando por la justicia, resistiendo al racismo, trabajando por la reconciliación, protegiendo el planeta…
Retomando palabras del mismo proceso de Edimburgo, dijo: Mucho de esto es una realidad en incontables contextos y culturas, en la medida en que los cristianos han aprendido a escucharse mutuamente, y a trabajar en colaboración con otros cristianos o con personas de diferentes religiones, e incluso con personas de ningún credo. Somos conscientes de que, sin el impulso que provocó aquel 1910, hoy, mucho de todo esto no habría sido posible, pero Edimburgo 2010 necesita ir más allá, abre un nuevo horizonte que quiere ser a la vez global y local.
La tecnología moderna ofrece muchas formas nuevas para hacer posible que esto suceda. El proyecto 2010.global dinamizado a lo largo del centenario, ha sido una oportunidad que ha facilitado medios para afrontar juntos, con una nueva luz, los desafíos del camino que hoy se abre ante nosotros.
En este contexto se situaba el significado de la participación “on line”, desde Madrid, en el acto de clausura. Desde Edimburgo, dijo González, se nos invita a las Iglesias y comunidades cristianas de todo el mundo a tener nuestra propia celebración local en comunión con los cristianos reunidos hoy en Edimburgo para el acto de clausura. De este modo, podremos ver a la Iglesia entera unida en la celebración y renovación de su compromiso con la Misión.
Finalizada la presentación, el grupo tuvo un espacio de silencio y oración previo a la conexión con Edimburgo.
Esta se estableció a las 16:00 en punto. Gracias a las tecnologías de la comunicación, el grupo de participantes on line de Madrid se encontró contemplando el salón histórico de la Iglesia de Escocia, y asistiendo en vivo a la ceremonia de clausura.
Tras los saludos y presentaciones oficiales, comenzó un acto de culto de acción de gracias y alabanza. Las oraciones fueron dirigidas en varias lenguas y se cantaron himnos de África, Asia, América y Oceanía. Hubo manifestaciones, también, de las distintas culturas de Europa, bailarines indios, y un coro africano que enriqueció con sus voces la diversidad de manifestaciones de fe.
A continuación, el arzobispo de York, Jhon Sentamu, tuvo una intervención que comenzó preguntando: ¿A dónde va la Iglesia? ¿A dónde va la Iglesia de Cristo? Insistió en que lo esencial de la Iglesia de Jesús y de sus seguidores es dar testimonio de Cristo. “Vosotros sois mis testigos”. Jesús, hoy, está siendo juzgado en el tribunal del mundo por nuestras palabras y nuestras vidas. Jesús y su Evangelio están siendo juzgados”. Tenemos que ser sus testigos en palabras y en obras. Afirmó, a la vez, que nuestra Misión no es posible si no nos sentimos llamados a ser profetas.
Inspirándose en la profecía de Ezequiel sobre los huesos secos, el Arzobispo de York, Gran Bretaña, dijo: “Debemos ayudar a nuestra iglesias actuando nosotros proféticamente, defendiendo la libertad contra la injusticia. Nuestros antecesores lo han hecho en el pasado luchando contra la esclavitud y, más recientemente, contra el apartheid, la deuda mundial y la pobreza. Tenemos que seguir hablando en contra de la injusticia que afecta a quienes piden asilo, y a todos los que pasan necesidad.”
Y continuó: Debemos recordar que hablar proféticamente no consiste en condenar los fallos de otros. Más bien, consiste en ayudarnos a aceptar metas comunes que elevan el corazón. Esto es algo, dijo, que podemos hacer juntos, porque es lo que Dios nos ha llamado a hacer como parte de nuestra misión y discipulado. Hemos de llegar a ser una Iglesia que ama y que tiene profetas. Nos tienen que distinguir por nuestro testimonio.
En la tarde del 6 de junio, cien años después de la Primera Conferencia Misionera Mundial, más de un millar de asistentes, reunidos en el Salón donde tuvo lugar aquella primera Asamblea, daban lectura al mensaje final del Centenario, que lleva por título: “La llamada común”. A su elaboración había precedido la revisión, a través del intenso proceso de estudio y diálogo con cristianos del mundo entero, de la vivencia cristiana mundial, y el reconocimiento del gran potencial común que tenemos los cristianos para dar testimonio de Jesucristo en el siglo XXI.
La lectura del mensaje, constituyó el momento cumbre de la clausura del Centenario. Dirigido a todos los cristianos del mundo, es una invitación a renovar, desde una nueva perspectiva, el compromiso con la Misión recibida, y el testimonio de Jesucristo. Afirma que “creemos que la Iglesia, como signo y símbolo del reino de Dios, está llamada a dar testimonio de Cristo hoy, participando en la misión del amor de Dios a través del poder transformador del Espíritu Santo”, y recoge a continuación, en nueve puntos, una síntesis de los nueve temas de estudio, el modo de hacerlo posible para nuestro mundo. El texto completo se puede consultar en www.edimburgo2010.org <http://www.edimburgo2010.org>