MENSAJE FINAL DEL IV CONGRESO DE ECUMENISMO ECUMENISMO Y MISIÓN

Centenario de Edimburgo (1910-2010)

Madrid, 12 al 14-XI-2010
Juan Pablo García Maestro, OSST
Coordinador del Congreso
Institutos Superior de Pastoral y San Pío X (UPSA- Madrid)


Del 12 al 14 de noviembre de 2010  se ha celebrado el IV Congreso de Ecumenismo. Alrededor de 130 cristianos procedentes de diferentes regiones  del Estado español, así como de otros países europeos, latinoamericanos y asiáticos, con la ayuda de especialistas en Ecumenismo y Misionología, nos hemos congregado para reflexionar sobre Ecumenismo y Misión, con motivo del Centenario de la Asamblea misionera de Edimburgo.

Este Congreso ha querido ser internacional y, por lo tanto, tomar en serio la contextualización de la forma de vivir la relación entre ecumenismo y misión. Edimburgo 1910 se limitó a dar participación solamente a las delegaciones representantes de las organizaciones misioneras que estaban involucradas en las misiones en el extranjero, especialmente en el mundo no cristiano. Edimburgo 2010 ha roto nuestros esquemas de comunidad cristiana y ha movilizado a cristianos del mundo entero pertenecientes a una multitud de culturas y etnias, de todos los estamentos sociales y de diferentes modos de confesar la fe en Jesucristo.
-  La conferencia misionera de Edimburgo 1910 ha sido considerada por muchos como un acontecimiento determinante para el nacimiento del movimiento ecuménico moderno. En la homilía de las Vísperas conclusivas de la Semana por la Unidad de los Cristianos del año que conmemora este centenario, el papa Benedicto XVI dijo: “El compromiso por la unidad de los cristianos no es sólo tarea de algunos, ni actividad accesoria en la vida de la Iglesia. Cada uno está llamado a dar su aportación para llevar a cabo los pasos que lleven hacia la comunión plena entre todos los discípulos de Cristo, sin olvidar nunca que ésta es ante todo don de Dios que hay que invocar constantemente. De hecho, la fuerza que promueve la unidad y la misión surge del encuentro fecundo y apasionante con el Resucitado, como sucedió con san Pablo en el camino de Damasco, y con los Once y los demás discípulos en Jerusalén”
El lema central de la Conferencia de 2010 ha sido “Dar testimonio de Cristo hoy”.

1.  El término testimonio ha sustituido a  evangelización. Es un término más frecuente en la Biblia para describir el mandato a los cristianos en general que el de evangelizar, reservado generalmente a Jesús y a los primeros apóstoles. No conlleva la agresividad que a menudo se proyecta con el término evangelización, debido a prácticas inaceptables. Hablar de testimonio entraña una visión de la misión que atañe al conjunto de la vida. El testigo difunde el mensaje no sólo mediante la palabra, sino  a través  de su actitud  y de su vida, como lo hizo Cristo.
La Misión procede del corazón mismo de Dios, entendido como Padre, Hijo y Espíritu. La misión son los latidos del corazón de Dios. Arraigar el compromiso misionero en la dinámica de Dios es el viraje fundamental que dio la misionología a mitad del siglo pasado y es por este camino por el que hoy también debemos continuar (Lo más relevante de la aportación del teólogo reformado Jacques Matthey, en la conferencia de inauguración el 12 de noviembre (Ginebra (Suiza))
2. Ante nuestras divisiones, las Iglesias nos tenemos que hacer esta pregunta: ¿Somos aún de utilidad? (Bonhöffer) ¿Cómo puede interesar una religión y un mensaje marcado por la división? Aquí la única respuesta es que tenemos que recuperar la íntima conexión  entre “ecumenismo y misión”. Sólo se puede afrontar el camino del futuro si se asume, se vive y se desarrolla el “dinamismo que vincula estrechamente ecumenismo y misión”.
La actual circunstancia histórica obliga a todas las Iglesias en Europa a reencontrarse con la misión y, por ello, a reencontrarse a si mismas desde la misión. La crisis de la Iglesia (y de las Iglesias), podemos decir con claridad, es una crisis misionera.
El centro de gravitación del cristianismo se va situando en el Sur y en Oriente más que en Europa. Durante siglos la misión cristiana ha sido misión de los europeos. La mayoría de los cristianos en un futuro van a estar en América Latina, África y Asia. ¿No debe por ello Europa reajustar su papel en una evangelización universal, que no puede realizarse más que ecuménicamente, y que no puede ni monopolizar ni gestionar como hasta el presente?
La realidad multicultural de la Europa actual introduce una crisis que puede ser ocasión y posibilidad para la misión. Las comunidades eclesiales deben ser revitalizadas para la tarea de adentrarse en un nuevo paradigma de cristianismo. Solamente desde una actitud misionera y ecuménica se podrá afrontar ese ambicioso proyecto.
Se requiere una  eclesiología adecuada que presente a la Iglesia naciendo de la misión y al servicio de la misión, como criterio para la comunión y unidad entre todas las Iglesias. Una de las cosas que más fuertemente contribuyen hoy a la renovación del concepto teológico de la Iglesia es la teología de la misión” (Jürgen Moltmann).
Los cristianos occidentales se encuentran ahora en posición de redescubrir lo que es auténticamente cristiano con humildad y coraje; de este modo aprenden lo que sus hermanos en otros lugares del mundo han experimentado en diversos grados durante siglos: vivir en unas condiciones históricas y sociales establecidas por otros; esta situación es una experiencia misionera esencial: ser vulnerable, depender de otros y recibir interpelaciones que proceden de otras culturas.
Si el cristiano europeo descubre su ser Iglesia desde la perspectiva pascual, con su apertura misionera y ecuménica, superará el pesimismo que le inunda ante el declive del cristianismo en Europa (Aportación de Eloy Bueno de la Fuente, de la Facultad de Teología de Burgos).

3.  La misión cristiana a partir de Edimburgo 2010 debe tomar en serio la importancia de la espiritualidad y religiosidad que han sido ignoradas por la misión de la modernidad occidental. Especialmente en Asia, donde abundan diversas religiosidades de larga historia, la misión cristiana no puede olvidarse de la dimensión espiritual. Para superar Edimburgo 1910, el modelo de la misión cristiana en Asia debe considerar, dialogar y aprender de la espiritualidad del movimiento pentecostal y carismático, pero con el debido cuidado de no caer en le reduccionismo espiritual. De tal manera que, para ser auténtica la misión cristiana en Asia, la espiritualidad que propugna la misión deberá ser trinitaria y provocar  un cambio radical del pensamiento misionero: de la misión, entendida como dominio, a la comunión, de la conquista a la participación. Sólo así  la misión evangelizadora dejará  de ser una empresa meramente humana o exclusiva de la Iglesia, para convertirse en el rostro visible de la misión del Dios trino.  Por otro lado, liberará de la tendencia  a reducir misión a la esfera individual, a-social, a-histórica y a-política de la fe y  apuntará a una visión global de la libertad.
El ecumenismo de la misión cristiana ya no puede quedarse encerrado dentro del ámbito eclesiástico y dogmático, sino que debe abrirse a un  diálogo fluido  con otras religiones y culturas.

4. En la ponencia sobre Misión y Ecumenismo desde
África se ha recordado la gran figura del arzobispo anglicano Desmond Tutu que ante el problema del Apartheid dijo: “Dios no es neutral. Está a favor de los pobres. Sólo la gente que sufre, que es oprimida, entiende lo que significa
el evangelio, con una tarea que calificó de emocionante: la defensa de los derechos humanos.
“Si alguna vez hubo un caso esperanzador, somos nosotros. Y lo que Dios pretende es que otros puedan mirarnos y obtener coraje. Dios nos señala como un posible faro de esperanza, un posible paradigma y dice: “Mirad a Sudáfrica. Tuvieron una pesadilla llamada `apartheid´. Y ha terminado (…) vuestra pesadilla también terminará. Ellos tenían un problema que parecía irresoluble. Pero lo han resuelto. No hay problema que en algún momento no haya sido considerado irresoluble. También hay esperanza para vosotros”. Nuestro experimento ha tenido éxito porque Dios lo ha querido, no para nuestra gloria y engrandecimiento sino para bien del mundo que Dios ha creado. Dios quiere mostrar que es posible la vida tras el conflicto y la represión, que porque existe el perdón el futuro es posible” (E. Tutu).

5. El ecumenismo espiritual
es el alma de todo el movimiento ecuménico (cfr. UR 8). El compromiso ecuménico tiene su origen en los fundamentos de la espiritualidad cristiana  y requiere algo más que una diplomacia eclesiástica, que el simple diálogo académico o el compromiso y la cooperación pastoral. La espiritualidad ecuménica significa adoptar un modo de seguir a Jesús de Nazaret. La espiritualidad de Jesús era la vida en el Espíritu, dentro del conflicto histórico, en comunión de amor con el Padre y con el pueblo. Una espiritualidad que es resultado de su apertura al Padre y de su compromiso liberador.

6.  ¿Por qué la desafección por el ecumenismo en España? 
Es fruto de múltiples debilidades acumuladas, y que es signo, a la vez, de algo más hondo que no sólo afecta a la cuestión ecuménica sino que cuestiona también la vivencia de la fe en esta hora de la historia. Quizás, nuestro horizonte limitado por nuestras fronteras y temores, va debilitando la fe de un cristianismo que no sabe mirar más allá de su propia realidad española y se niega a reconocer los retos que la mundialización le  está planteando en su propio territorio nacional.
Tenemos una “deuda ecuménica” con la sociedad que ya no distingue entre denominaciones, sino que fija sus ojos en las personas, independientemente del credo que practiquen, en sus fallos y aciertos. Jesús no hizo diferencias entre sus discípulos cuando los envió al mundo a predicar el Reino. Esto implica el empeño en la consecución de una predicación y convivencia en unidad. No podemos seguir perdiendo el tiempo ocupándolo en peleas internas por el primer puesto.
Tenemos ante nosotros una tarea que tiene más sentido que nunca: “mantener viva la llamada de uno de los dones más grandes que el Espíritu Santo ha dado a las  Iglesias en los últimos tiempos: la llamada a trabajar por la unidad, y a vivir en la unidad de Cristo”. Este es el mayor reto que tenemos todos los cristianos en este siglo XXI.
En nombre de la Comisión que ha organizado este Congreso, muchas gracias a todos los que habéis colaborado, especialmente a don Mariano Perrón, delegado de ecumenismo de Madrid, a  los ponentes por vuestras aportaciones y a todos que habéis asistido a este IV Congreso de Ecumenismo. Gracias de nuevo a las Misioneras de la Unidad por el trabajo que realizáis a favor de la unidad de los cristianos.


Madrid, 14 de noviembre de 2010